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El CORRIDO DE LOS PÉREZ

CAÑADAS DE OBREGON
Sucedió en 1911

En esta historia todo se origina en el año de 1910, desde Estados Unidos los Pérez les piden de favor a los Oropeza que les llevaran para su familia un encargo de ropa, armas y dinero. Los Oropeza llevan ese encargo a Cañadas, pero nunca lo entregan y se quedan con el paquete. 

Tiempo después, cuando los Pérez regresan a Cañadas son notificados por sus familiares que los Oropeza no les entregaron los encargos; por lo que los Pérez levantaron una demanda ante la autoridad competente en la población de Yahualica, la que sin tardanza obligó a los Oropeza a regresar las pertenencias citadas anteriormente, dejándolos en evidente vergüenza pública y rumores hirientes de los pobladores. 

En esa época no era difícil encontrarse para vengarse en pequeñas poblaciones, amén de las carreras parejeras, las corridas de toros, las serenatas y cuanto evento acontecía por los días de febrero en Cañadas, en donde se venera a la Virgen de la Luz, pero en tiempos que es tradición la de La Candelaria. 

Compadres y parientes lejanos, don Cesáreo Márquez y don Longino Pérez, este último con su potranca canela, formalizaron una carrera para calar sus cabalgaduras, fijando la fecha ya que pasaran las fiestas mencionadas y para darse tiempo a que los animales fueran cuidados enserio. 

Mónico de Luna, personaje central en el latente conflicto, actuó llevando y trayendo habladas, calando el ánimo de ambos apellidos, que si bien ya no se tuteaban, tampoco buscaban roces. 

Finalmente el día jueves 20 de abril de 1911 desde muy temprano, las acomedidas personas llevaron sus vendimias hasta el carril del rancho Cerro Viejo, también conocido como Los Troncones, en donde además del día soleado se percibía lo tenso de las cosas, a tal grado que don Cesáreo y don Longino se aconsejaron — vamos dejando la carrera para otro día, al cabo entre nosotros, ¿qué perdemos? Pero intervino Oropeza, quien seguía de cerca a Isidro Pérez intentando acobardarlo, y le dijo —¡Los cobardes se rajan! Longino Pérez haciendo buches de coraje le dijo a don Cesáreo —vamos haciendo la pareja. 

Recuerda don Juan Muñoz que para entonces era un niño, y que había llegado pronto al carril —Vimos tres a cuatro parejas antes de que se soltara la balacera y quedaran tendidos los cuerpos de los señores, aunque uno de ellos no murió al momento sino horas después. A don Mónico de Luna lo recuerdo muy bien, llevaba su sombrero ancho y pinto, de los que fabricaban en Yahualica, traía el barbiquejo puesto, y muy hablador como siempre a los primeros fogonazos fue el que corrió. 

Queda como testimonio de tan trágico suceso los recuerdos de don Juan Muñoz, que se corroboran con las actas de defunción del Juzgado de Registro Civil de Cañadas, donde consta que murieron por arma de fuego, Isidro Pérez de 32 años, Mariano Pérez de 27 años y Jesús Muñoz Pérez de 22 años. 

El corrido de los Pérez

En mil novecientos once,
les voy a explicar muy bien:
mataron a dos hermanos
y aún primo hermano también.
El jueves veinte de abril
como a las tres de la tarde,
murió don Mariano Pérez
en las manos de un cobarde.
Carreras tan desgraciadas
esas carreras del cerro
perdieron vida y caballo
y perdieron su dinero.
Fue don Mónico de Luna
el que la mecha prendió
y a los primeros balazos
fue el primero que corrió.
Gabino Pérez decía
muy macizo en sus razones
yo también muero en la raya
no soy cría de correlones.
Isidro Pérez le dijo
déjalo ya por la paz
pues así nos convendría
por Dios no pido más.
Gabino Pérez decía
nos pegaron a la mala
si le han entrado derecho
otro gallo les cantara.
Isidro cayo pa’l sur
pa’l norte cayo Jesús
Mariano para el oriente
como pintando una cruz.
Vuela, vuela palomita
vuela paloma querida
dile al padre de los Pérez
que aquí terminó su vida.

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